miércoles, 13 de marzo de 2019

Música y Cine (La cara oculta) 

Año   1976,    Rocky   producida solamente con un millón de dólares de presupuesto (cuando la media en Hollywood en aquella época era de cinco millones), arrasa en todo el mundo, gana el Oscar a mejor película, conquista a la crítica y convierte en una estrella a su protagonista y guionista, Sylvester Stallone. Justo en ese momento otra película hecha seis años antes (en 1970) toma de repente nueva vida: se llamaba originalmente The Party at Kitty and Stud’s (Fiesta en casa de Kitty y Stud"), pero sus productores decidieron reeditarla con el nombre de Italian Stallion (que se puede traducir por "El semental italiano”, en homenaje a las raíces italianas tanto de Stallone como de su personaje, Rocky Balboa). La leyenda de la “película porno de Stallone” nacía para el mundo.
¿Pero era porno aquello? No, era una película erótica (de 71 minutos) y blandengue, según Rolling Stone “enormemente aburrida e inepta”. La trama de The Italian Stallion era la propia de ese tipo de cine erótico que se rodaba con bajísimo presupuesto a comienzos de los setenta para ser exhibida en las salas equis que empezaban a surgir: una pareja organiza una orgía en su casa. Poco más. La película apenas tuvo recorrido comercial en su momento, dado que Garganta profunda (1972), el filme que hizo del porno un género con ciertas posibilidades comerciales durante la década de los setenta, no se había estrenado aún. Pero después de que Stallone alcanzase la fama, la leyenda empezó a formarse.
¿Era The Italian Stallion originalmente una película pornográfica y se rebajó su contenido para poder ser exhibida en salas comerciales? No, pero lo cierto es que el actor aparece completamente desnudo en varias escenas y hay mucho sexo, aunque simulado. Diferentes versiones han ido apareciendo con el tiempo con nuevas escenas incorporadas, estas sí de corte explícito y con actores que se parecían físicamente a Stallone.
El actor ha hablado de la película en más de una ocasión, mostrando un sano sentido del humor al respecto. “¿Qué hay de esa película pornográfica en la que supuestamente apareces?”, le preguntaron en una entrevista para la revista Playboy publicada en 1978. “Es una película erótica en la que interpreto a un tipo que pone un anuncio en un tablón invitando a la gente a una fiesta en su casa. Aparecen unas diez personas y hay muchos besos y frotamientos. Y más o menos eso es todo. Según los estándares de hoy la podrían ver todos los públicos”.
Stallone explica luego: “Me moría de hambre cuando la hice. Me habían echado de mi apartamento y llevaba cuatro noches durmiendo en un banco de una estación de autobuses. Estaba desesperado. Cuando tienes hambre haces cosas que normalmente no haces”. El sueldo de la película era de 100 dólares al día (unos 89 euros; el actor ganó unos 180 por dos días de trabajo, que hoy serían unos 1.200 euros) y, pese a que tenía que aparecer desnudo, “eso no era problema. No había sexo explícito en la película”, explicó el actor.
Stallone detalla también que los productores de la película eran “unos abogados ricos”. “Al final, era o hacer la película o atracar a alguien, porque estaba en la cuerda floja”.
Lo cierto es que si bien el filme goza de cierto estatus de culto por mostrar a una superestrella del cine en su juventud, en una trama bastante comprometida, nunca fue un gran éxito, incluso contando con un reclamo como Stallone. Sus derechos y los negativos originales se vendieron en eBay por 270.000 dólares en 2010 (unos 240.000 euros).
Stallone no es la única gran estrella con un pasado en el cine erótico. David Duchovny y Jackie Chan participaron en películas plagadas de escenas de sexo. Cameron Diaz fue sometida a un intento de extorsión por parte de un fotógrafo que, antes de ser famosa, le hizo unas fotos y un vídeo con temática bondage por el que le pidió tres millones de dólares (2,6 millones de euros).
Algo parecido a eso le sucedió a Stallone con su película: tras hacerse famoso, intentaron venderle la película original por 100.000 dólares (89.000 euros) para que no viese la luz. ¿Su respuesta? “No pagaría por ella ni dos dólares”. (Fuente: El País).



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